Family Enrichment
Family Enrichment

El posicionamiento de los jóvenes respecto a Internet y las Redes Sociales

Julio Molina

El estudio que traemos hoy a estas páginas establece las distintas maneras en que los jóvenes entablan su relación con Internet y las redes sociales, y con otras personas, precisamente a través de las TIC. Así son y se desenvuelven, pues, desde y en la tecnología.

 

El grupo de jóvenes más numeroso (el 30,1% de los jóvenes de 16 a 20 años), señala el estudio, es el que encuadra a los ‘pragmáticos’. Son personas que disfrutan del medio tecnológico, y de las redes sociales en particular, como plataforma de relación y comunicación esencial, insustituible e irrenunciable, integrando su presencia en el día a día y en sus procesos de socialización y relación; y naturalizando su relación con las TIC. Y ello desde la asunción de que tal cosa plantea contrapartidas y supone renuncias y costes. Así, aceptan que usar redes sociales implica perder dosis de intimidad, llegar a sentirse más controlado, perder tiempo, correr el riesgo de perder ‘calidad’ en el tipo de comunicación, poder caer en el engaño, llegar a depender en exceso... Pero que todo ello no es suficiente para renunciar a todas las posibilidades que ofrecen para relacionarse, integrarse, gestionar el yo y la agenda. De tal manera que el argumento sería: sabemos las reglas del juego y las posibilidades de engaño, así que estamos sobre

alerta, no nos pilla de sorpresa el reverso negativo.

El segundo tipo más numeroso (26,9%) encuadra a los jóvenes ‘integrados en la Red’. Son quienes asumen que Internet es el lugar en el que “hay que estar”, pero lo hacen de forma desapasionada, o cuando menos poco vehemente. Por ello se caracterizan por tener una actitud un tanto tibia, despreocupada de las desventajas o contrapartidas –consideran que en las redes sociales no te expones tanto– y confiada en el buen uso que de las mismas van a hacer las personas (por ejemplo, en relación con las posibilidades de mentira y engaño). Todo ello desde la distancia que procura el hecho de que, aunque probablemente no sean grandes usuarios, en cualquier caso están al tanto de un universo tecnológico del que sienten formar parte porque “les toca”. 

 

El tercer tipo agrupa a los llamados ‘experimentados’ y representa al 17,5% de los jóvenes de 16 a 20 años. Son jóvenes que consideran absolutamente normal e incuestionable la relación con las TIC, como parte de un nuevo paradigma de la comunicación, en el cual lo online y lo offline son dos caras de la misma moneda, y los yoes que generan –a partir de normas y características distintas– resultan no solo complementarios, sino también indivisibles e inseparables. Por ello tienen una visión muy positiva de las redes sociales, que defienden apasionadamente e integran como parte indisoluble de sus procesos de relación, comunicación y socialización. Asumen la posibilidad de engaño como parte del juego de interacciones, y aportan su experiencia y desenvoltura con el medio tecnológico como garantía a la hora de sortear los posibles riesgos. Con seguridad estamos ante los usuarios más habituales, más experimentados.

 

Finalmente, el tipo más minoritario (12%) es el de ‘tecnófobos’. Jóvenes que se diferencian claramente del resto por ser quienes representan el lado más crítico frente a Internet y las redes sociales. Su perspectiva es clarísimamente negativa en relación a la comunicación mediada por las TIC, y resulta evidente que no observan ventajas que compensen unas contrapartidas y riesgos que copan toda su visión sobre la tecnología como vehículo para las relaciones. De las redes sociales consideran que separan, aíslan, propician la pérdida de intimidad, y la pérdida de calidad y profundidad en las relaciones humanas. Y siempre haciendo hincapié en los malos usos, propiciados por usuarios que mienten, engañan. Los jóvenes que forman parte de este grupo representan la distancia y el desinterés en relación a Internet y las redes sociales.

El 21% de los adolescentes manifiesta crear contenidos online de forma activa.

Tipo de actividades que se realizan en Internet

 

Más allá de la identificación de estas cuatro posturas, que se presenta como “una propuesta de tipología teórica de las distintas posiciones (excluyentes) de los jóvenes frente a las redes sociales y las TIC”, el estudio arroja muchos otros datos de interés.


Agrupa el tipo de actividades que se realizan en Internet, por ejemplo, en tres bloques principales, más allá de que hay actividades transversales que se dan siempre, como buscar información. Estos bloques estarían definidos por la diversión descomprometida –mirar páginas por diversión–, la gestión y el empleo de redes sociales –compartir o reenviar información propia o de otras personas, subir fotos o vídeos, interactuar con otros perfiles– y la participación activa (mantener una web o blog propio, participar activamente en foros). En este sentido, y dejando a un lado la participación en redes sociales, cabe mencionar que el 21% de los jóvenes manifiesta crear contenidos online de forma activa, y que la mayoría de los usos asociados a Internet tienen que ver con un papel pasivo en relación a los contenidos. Todo ello, desde la perspectiva del ordenador portátil como el dispositivo multifunción por excelencia, el smartphone como el vehículo de la interacción grupal y la escucha de música, y la tableta ocupando un destacado papel en la búsqueda de información y documentación.

 

Uso excesivo


Que adolescentes y jóvenes pasan mucho tiempo usando Internet y redes sociales es una idea instalada en el imaginario colectivo. Con independencia de la cuantificación de tales hábitos, resulta muy significativa la valoración que los jóvenes realizan sobre ese tiempo, y sobre los riesgos que ese tiempo de dedicación puede suponer. Así, el 65% considera que el tiempo que pasa en Internet es algo o claramente excesivo (por uno de cada tres que considera que es “lo justo”); proporción que se reduce al 52% si lo que se considera es el tiempo que se pasa en redes sociales (en este caso, cuatro de cada diez afirman que es “lo justo”). En definitiva, la mayoría de jóvenes consideran pasar más tiempo del necesario en Internet.

La mayoría de jóvenes considera pasar más tiempo del necesario en Internet

Otra cosa es que el uso excesivo se equipare o asocie con la dependencia, algo que no ocurre. Por un lado, el 60% señala que, a pesar de usar redes sociales en mayor o menor grado, eso no le genera inquietud –tampoco la falta de ese uso– o bien le concede excesiva importancia. Frente a esta mayoría, solo el 7% afirma que depende de las redes sociales. Eso sí, despojados del posible estigma que puede otorgar la etiqueta ‘dependiente’, lo cierto es que la mitad de los jóvenes se ha sentido alguna vez saturado hasta el punto de necesitar desconectar (el 14%, muchas veces), y el 46% reconoce haber sentido en alguna ocasión esa dependencia, por uno de cada cuatro que dice que eso no le ha ocurrido nunca o casi nunca.


Coste de oportunidad y reconocimiento de las contrapartidas


Por estar y pasar tiempo en las redes sociales se dedica menos tiempo o se deja, en alguna medida, de estudiar (la mitad de los jóvenes así lo reconoce), leer (señalado por el 44%), ver televisión (44%) y, algo menos, dormir (31%). Porcentajes que parecen relevantes a la vista del tipo de actividades mencionadas, que implican ámbitos de las responsabilidades y la salud, y que encarnan buena parte de las preocupaciones de los padres en relación a sus hijos. El reconocimiento es mayor entre las mujeres, que muestran una perspectiva más autocrítica, y los jóvenes de menor edad. Además, se confirma algo que puede parecer obvio: quien reconoce un uso de TIC más excesivo, afirma en mayor medida que deja de hacer mayor cantidad de actividades. Solo el 20% dice que no deja de hacer ninguna actividad por usar redes sociales.

En cualquier caso los jóvenes parten de una visión favorable de esas redes sociales, que, eso sí, no ignora las mencionadas dualidades entre ventajas y desventajas. La evidente mejora en la capacidad para relacionarse y comunicarse viene con toda una serie de contrapartidas que es necesario conocer y saber manejar, para con ello poder minimizarlas. Y esto es algo que señalan rotundamente adolescentes y jóvenes. Así, se asumen determinados riesgos que, en primer lugar, tienen que ver con algunos aspectos relacionales críticos, como el riesgo de caer en el engaño y la mentira –personas que se escudan en las características del medio para ofrecer una imagen determinada–, la posibilidad de ser controlado –porque estar para ver implica también ser visto, sobre todo desde el momento en que la interacción dota de sentido al juego–, o la pérdida de intimidad (que será regulable, pero que en cualquier caso se entiende ampliada, compartida).


Además se aceptan pérdidas o contrapartidas en relación con la posibilidad de aislamiento –desde la perspectiva de tecnología que aleja en lugar de acercar– y la pérdida de tiempo –recordemos esas actividades que se reconoce que se dejan de hacer– o con la pérdida de profundidad o calidad de las relaciones (que se observarán volubles, pasajeras, intrascendentes, poco serias...).


En cualquier caso, todas esas pérdidas o contrapartidas, reconocidas y quizás por ello se entiende que ‘controladas’, parecen compensar cuando se contemplan las enormes ventajas en relación con la mejora de las oportunidades en todos los ámbitos, fundamentalmente en lo referido a la capacidad de las TIC para procurar el acercamiento, la integración, la mejor gestión del yo, y la diversión.

Libro de visitas

Introduce el código.
* Campos obligatorios
  • Lourdes Aguilera (jueves, 23. noviembre 2017 18:58)

    ¡Muy interesantes los datos que arroja el artículo!

Miembro de:

Colaboradores:

Rafael Pich

Estamos en:

Versión para imprimir Versión para imprimir | Mapa del sitio Recomendar esta página Recomendar esta página
© International Federation for Family Development España

Página web creada con 1&1 Mi Web.

Llamar

E-mail

Cómo llegar