Family Enrichment
Family Enrichment

Los milenials, el trabajo remunerado y la vida familiar

Carolina Oquendo       

Este documento tiene como principal objetivo avanzar en el conocimiento de las características y comportamientos que definen a esta generación, pero al abordar un sujeto complejo y poco homogéneo, que además presenta múltiples dimensiones, tanto de índole personal como social, se ha resuelto delimitar el ámbito de estudio a dos campos principales: el trabajo y la familia, que son al fin y al cabo las coordenadas que determinan la posición vital de las personas.


El difícil equilibrio entre ambos aspectos de la vida viene generando importantes conflictos desde hace ya algunas generaciones, qué duda cabe, pero entre los milenials, por sus características, por sus valores e incluso por la coyuntura económica en la que se incorporan al mercado de trabajo, y también por la educación y formación recibida, estas tensiones se han recrudecido, hasta el punto de influir en el comportamiento de las principales variables demográficas, sociales, económicas e incluso políticas de España y el resto del mundo.

 

Características de la generación milenial


Puede resultar complejo identificar los grupos de personas que configuran o pertenecen a la misma generación, ya que –apunta el trabajo– podemos definirlas desde distintas acepciones:


1. En sentido genealógico, se estaría aludiendo a un conjunto de personas clasificadas según su relación de filiación. La generación se identificaría así con la descendencia, y por tanto con origen en algún parentesco familiar.


2. En sentido histórico, con el que estaríamos refiriéndonos a la renovación de los
hombres en la vida pública en un periodo determinado. Se trataría de establecer una cohorte de ‘n’ años vista como un grupo social.


3. En sentido demográfico, que correspondería a un concepto de cohorte demográfica, entendida como el conjunto de nacidos en un mismo año o en un intervalo de algunos años.


4. En sentido sociológico, en cuyo caso nos referiríamos a un conjunto de personas que tienen la misma edad y cuyo principal criterio de identificación son las experiencias históricas comunes, desde las que se deriva una visión similar del mundo.


Para definir la generación milenial se ha optado por utilizar varios de estos enfoques, combinando para ello el momento de su nacimiento con algunos de los hechos acaecidos en dicho periodo de tiempo, que de manera clara han incidido en la configuración de sus valores y expectativas, por una parte, y de algunos de los rasgos de su personalidad, por otra. De este modo, podríamos hablar de jóvenes nacidos entre el año 1980 y el 2000 –con edades entonces comprendidas entre los 16 y los 36 años– que han compartido experiencias similares, destacando como las más significativas: el importante desarrollo tecnológico de las últimas décadas (no han conocido un mundo sin internet o sin teléfono móvil); la mayor inestabilidad en el mercado laboral, con empleos igualmente inestables; la mejora de los niveles educativos, especialmente en el caso de las mujeres; y la preferencia por lo inmediato frente a lo duradero, por resaltar uno de los rasgos que conforman su modo de pensar característico.

En la búsqueda de trabajo, el 72% de los jóvenes prioriza la estabilidad.

Todo ello lleva a estos jóvenes a compartir una visión del mundo que en algunos aspectos difiere de la que tienen generaciones anteriores, sin ir más lejos la generación del Baby Boom, formada por personas de la edad de sus padres y abuelos y con la que aún conviven en el mercado de trabajo.


Se han detectado diferencias generacionales, por ejemplo, en las actitudes vitales con respecto a lo laboral. Aunque no siempre puedan cumplir este deseo –especialmente por el elevado número de horas que permanecen en el centro de trabajo, concretamente en España, y por la irracionalidad de horarios–, los estudios parecen confirmar que los milenials prefieren ‘trabajar para vivir’ antes que ‘vivir para trabajar’, principio este último que inspiraba el proceder de buena parte de las generaciones anteriores.


Por otra parte, los milenials utilizan las nuevas tecnologías de un modo muy distinto al de sus mayores, como extensiones de su propio cuerpo, modificando en tal grado su manera de vivir –cómo reciben la información, cómo compran, cómo se divierten, etc.–, y sobre todo su manera de interactuar y comunicarse con otros, que a lo mejor no resulta descabellado afirmar que la brecha generacional nunca ha sido tan grande como en nuestros días.

 

El puesto de trabajo ideal 

 

En España, para identificar algunos de los caracteres de esta generación, el documento se fija en el reciente estudio elaborado por el Centro Reina Sofía sobre jóvenes y empleo, que nos permite saber, entre otras cosas, lo que piensan sobre conciliación familiar y laboral. Toma como muestra a jóvenes con edades comprendidas entre los 16 y los 29 años, y revela algunos datos interesantes. A la hora de valorar el puesto de trabajo, por ejemplo, los encuestados fijan su atención en lo siguiente: la estabilidad, el 72% de ellos; ingresos justos, el 30%; oportunidades de crecimiento profesional, el 29%; interés que les despierta, el 24%; ajustado a la formación recibida, el 22%; ingresos altos, el 20%; buen ambiente laboral, el 19%; tiempo de ocio o descanso, el 13%; iniciativa, el 12%; y facilidades para la conciliación familiar, el 9%. Es muy probable, en cualquier caso, que la edad juegue en esta cuestión de la conciliación un papel determinante, y que a medida que estos jóvenes milenials ingresen en la horquilla
de los 30-36 años crezca su interés por encontrar un trabajo que ofrezca facilidades para formar una familia.

Los milenials prefieren ‘trabajar para vivir’ antes que ‘vivir para trabajar’.

Estos resultados apenas arrojan diferencias entre hombres y mujeres: ellos conceden algo más de importancia a los ingresos –que sean más altos y más justos– y a la capacidad de iniciativa, mientras que ellas se decantan ligeramente por el interés que les despierta el trabajo y por las oportunidades de crecimiento profesional. Si acaso en el apartado que se refiere precisamente a la conciliación entre la vida laboral y familiar (algo más de un 11% de las mujeres, algo menos de un 7% de los hombres) se observa una distancia más apreciable entre ellos y ellas.

Si estudiamos a los milenials con estudios superiores –licenciados– y que trabajan en empresas de envergadura, una encuesta realizada en 2015 concluye que esta

generación espera de las empresas mucho más de lo que esperaban las generaciones anteriores, sobre todo en lo que se refiere a su compromiso social. En esta misma línea se expresan los jóvenes en la encuesta del año siguiente, cuando señalan que aspiran a trabajar en compañías que giren en torno a las personas y no centren en exclusiva sus esfuerzos en la obtención de beneficios económicos. Recoge además las cinco condiciones que esta generación precisa que se cumplan para ser feliz en el puesto de trabajo: valores compartidos con la empresa; programas de crecimiento profesional; desarrollo de habilidades de liderazgo; flexibilidad laboral; y equilibrio entre las necesidades profesionales y personales (los últimos dos requisitos sugieren una preocupación por el equilibrio entre la vida laboral y familiar).

Presencia en el mercado laboral

 

En nuestro país, esta generación está integrada por 11,2 millones de jóvenes (50,52% de hombres, 49,57% de mujeres). Puesto que el conflicto familia-trabajo que atraviesa un joven milenial puede distar mucho del que atraviesa otro, pongamos por caso, quince años mayor, se comprende que los datos de que se dispone oscilen de un modo muy acusado. Así, mientras la tasa de actividad de los milenials más jóvenes, con edades comprendidas entre los 16 y los 19 años, fue en 2015 del 16,43% en los hombres y del 13,83% en las mujeres, la de los más mayores –entre los 30 y 34 años– alcanza el 95% y 88,23%, respectivamente.

A medida que aumenta el número de hijos, la tasa de paro aumenta, especialmente entre las mujeres.

Sin embargo, no solo de la edad depende que esta generación esté más o menos incorporada al mercado laboral, también de su situación familiar. Muchos indicadores respaldan esta afirmación, pero quizás, por significativa, haya que recoger aquí la tasa de paro. Los datos recogidos ponen de manifiesto cómo en las familias, a medida que aumenta el número de hijos, esta tasa aumenta, especialmente entre las mujeres, llegándose a producir, en el caso de los hogares biparentales con tres o más hijos, una diferencia de casi 14 puntos entre los padres y las madres; la diferencia se dispara entre las familias monoparentales con igual número de hijos, pues supera los 35 puntos. Un comportamiento similar pero en sentido inverso describe la tasa de empleo, lo que nos permite corroborar la dificultad que encuentran las madres para lograor estabilidad en el mercado laboral. Un escenario adverso que explica en parte que la generación milenial esté renunciando a tener hijos.

 

Carolina Oquendo Madriz es abogada, diplomada en Orientación Familiar,
moderadora de FAMOF (Bogotá) y asesora en el Instituto de Ciencias de la Familia de la Universidad de la Sabana (Colombia).

Libro de visitas

Todavía no hay comentarios.
Introduce el código.
* Campos obligatorios

Miembro de:

Colaboradores:

Rafael Pich

Estamos en:

Versión para imprimir Versión para imprimir | Mapa del sitio Recomendar esta página Recomendar esta página
© International Federation for Family Development España

Página web creada con 1&1 Mi Web.